Con goteras en el alma,
anuncio de fuertes lluvias
y los ojos apretados
evitando que las lágrimas fluyan.
Te tomas otra pastilla
de control anestesiado
para dar tranquilidad
al cerebro que no siento.
Química para intentar atar
huracán de sentimientos
y soportar los reproches
que yo mismo clavo en mi pecho.
Frustración.
Hastío.
Dolor.
Vacío.
Carrusel de pensamientos,
buscando en qué me equivoqué:
idea, procedimiento,
hechos, dichos o momentos...
Desde que nació
y aún antes
cuando era solo sueños.
Lo he tenido que hacer mal
intentando hacer perfecto.
Pero en un punto,
No sé, ni supe, ni se saberlo.
Pena de libre albedrío.
Mísera conciencia y razón.
Tanta carga y tanto peso.
Tormenta que sigue cayendo
con el silencio callado
y las goteras de alma
encharcando el corazón.
Miro las líneas pintadas en un rojo firmamento y no alcanzo a comprender como comprimen el tiempo, en cifras de días vivos, en noches de sueños muertos.
Una tras otra cambiando, figuras espectrales componiendo, tratando de mostrar en su insolencia que no es vano nuestro miedo.
Son fruto del avance de la técnica, del genio creador del intelecto y en cambio parecen escupirnos la esencia inmortal de lo perfecto.
Quien fuera piedra, quien, quien tan perfecto. Quien tuviera el valor de estarse quieto en medio de la arena que resbala. Quien pudiera no temer la obscura nada y pudiera reírse hasta del tiempo.
Quien no tuviera el fin siempre presente ahogando el ahora y el mañana, en medio de un vacío indiferente al “Yo” y a todo… ¡Qué bobada!.
Acaso la piedra no pregunte, a su severo contexto encadenada, porque tiene que estar allí, parada, y no puede moverse como otros.
Yo quiero parar y estarme quieto y temo al telón que me arrebata los cortos segundos de albedrío. Ella quiere moverse e ir perdiendo los nudos del estático infinito, que la atan.
¡Destino que nos une y nos separa! Mi duda morirá cuando yo muera, pero la duda seguirá viviendo. Vive en la duda de la piedra y algo habrá que dude tras de ella, algo que ignoro y se me escapa.
Tras cada porque hay otra duda… ¡Qué leyes nos rigen tan extrañas!
Insisto en mi profunda admiración por el gran Jorge Luis Borges y además en el caso del poema que incluyo a continuación, une de manera perfecta poesía y ajedrez en una metáfora de la vida que es filosofía y pensamiento. Si no lo conoces, es pecado no leerlo y si ya lo conoces, seguro que disfrutaras otra vez con el.
AJEDREZ
I
En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores las formas: torre homérica, ligero caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra. Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada reina, torre directa y peón ladino sobre lo negro y blanco del camino buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero de negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía?
Reconozco mi profunda admiración por el gran Jorge Luis Borges y me gustaría incluir un poema suyo, que me parece genial. Si alguien no ha tenido la suerte de leerlo, no debe desperdiciar esta oportunidad.
EL RELOJ DE ARENA
Está bien que se mida con la dura Sombra que una columna en el estío Arroja o con el agua de aquel río En que Heráclito vio nuestra locura
El tiempo, ya que al tiempo y al destino Se parecen los dos: la imponderable Sombra diurna y el curso irrevocable Del agua que prosigue su camino.
Está bien, pero el tiempo en los desiertos Otra substancia halló, suave y pesada, Que parece haber sido imaginada Para medir el tiempo de los muertos.
Surge así el alegórico instrumento De los grabados de los diccionarios, La pieza que los grises anticuarios Relegarán al mundo ceniciento
Del alfil desparejo, de la espada Inerme, del borroso telescopio, Del sándalo mordido por el opio Del polvo, del azar y de la nada.
¿Quién no se ha demorado ante el severo Y tétrico instrumento que acompaña En la diestra del dios a la guadaña Y cuyas líneas repitió Durero?
Por el ápice abierto el cono inverso Deja caer la cautelosa arena, Oro gradual que se desprende y llena El cóncavo cristal de su universo.
Hay un agrado en observar la arcana Arena que resbala y que declina Y, a punto de caer, se arremolina Con una prisa que es del todo humana.
La arena de los ciclos es la misma E infinita es la historia de la arena; Así, bajo tus dichas o tu pena, La invulnerable eternidad se abisma.
No se detiene nunca la caída Yo me desangro, no el cristal. El rito De decantar la arena es infinito Y con la arena se nos va la vida.
En los minutos de la arena creo Sentir el tiempo cósmico: la historia Que encierra en sus espejos la memoria O que ha disuelto el mágico Leteo.
El pilar de humo y el pilar de fuego, Cartago y Roma y su apretada guerra, Simón Mago, los siete pies de tierra Que el rey sajón ofrece al rey noruego,
Todo lo arrastra y pierde este incansable Hilo sutil de arena numerosa. No he de salvarme yo, fortuita cosa De tiempo, que es materia deleznable.
Jorge Luis Borges
AUDIO EL RELOJ DE ARENA
Siempre me han gustado los relojes de arena y había jugado mentalmente con la metáfora de ir perdiendo tiempo y vida con la caída de la arena, pero como lo expresa el maestro Borges es sublime.
Abofetea nuestra conciencia con verdades profundamente arraigadas en nuestro subconsciente, haciéndonos conscientes de ellas y permitiéndonos compartir su sabiduría.
¡Gracias Borges! por enfrentarnos a los espejos, al tiempo, a la vida y a la muerte, al vacío y al inevitable posterior olvido…
Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor, cuando los enamorados van a servir al amor; sino yo, triste, cuitado, que vivo en esta prisión; que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son, sino por una avecilla que me cantaba el albor. Matómela un ballestero. ¡Déle Dios mal galardón!
AUDIO ROMANCE DEL PRISIONERO
Es una poesía anónima de la edad media, que aprendí en literatura de EGB y ya ha llovido… Me «cautivó» por su simplicidad, ternura y belleza y la suelo recitar con cierta frecuencia, para ejercitar la memoria.
No voy a ser yo quien descubra la genialidad de un cantautor que ha compuesto obras de arte en 2 idiomas. Son múltiples las canciones suyas que conforman la banda sonora de mi vida y debo darle las gracias por ello. Aunque luego no comparta alguna de sus opiniones en otros temas, coincido en los contenidos de las letras de sus canciones, que son poesía y filosofía en la mayoría de los casos y también en que ambos somos del mejor equipo de fútbol del mundo: el F.C. Barcelona.
En el caso de algo personal, la canción que quiero homenajear aquí, tiene plena vigencia hoy en día, porque cuando uno la escucha o lee su letra, no puede evitar ver a los líderes actuales de las grandes superpotencias, Usa, Rusia, Corea del Norte y China, retratados y ridiculizados. Al mismo tiempo, uno se plantea la gravedad de estar en manos de esos dementes y nos hace reflexionar sobre que deberíamos hacer algo para cambiarlo.
ALGO PERSONAL
Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.
Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.
Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.
Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.
Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.
Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.
No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo
que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,
donde establecer las bases de un tratado de amistad